lunes, 3 de noviembre de 2014

Caminando con Rosalía




En una de estas mañanas de principios de noviembre me he detenido a hojear libros en una librería de lance. Leyendo poemas de Rosalía de Castro la he sentido muy cerca de mí y le he pedido que me acompañe por los lugares madrileños donde ella vivió. 


Caminamos hasta el número 15 de la calle de la Ballesta, en Malasaña, donde vivió la poeta y donde en esos momentos se encuentran reunidos los hermanos Bécquer y un joven escritor llamado Manuel Martínez Murguía. Mientras Rosalía recita sus poemas, observo como la mira Murguía.

Hora tras hora, día tras día,
Entre el cielo y la tierra que quedan
Eternos vigías,
Como torrente que se despeña
Pasa la vida.

Devolvedle a la flor su perfume
Después de marchita;
De las ondas que besan la playa
Y que una tras otra besándola expiran
Recoged los rumores, las quejas,
Y en planchas de bronce grabad su armonía.

Tiempos que fueron, llantos y risas,
Negros tormentos, dulces mentiras,
¡Ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
En dónde, alma mía?


Le acompaño luego a la iglesia de San Ildefonso, donde ella se va a casar con Manuel Murgía el 10 de octubre de 1858, y veo a los contrayentes ante el altar, difuminándose hasta desaparecer.
Luego paseamos hasta la calle de Tetuán, junto a la Puerta del Sol, y me muestra la pensión donde ella va a residir en su segundo viaje a Madrid, en 1859.
Después, tras una buena caminata, nos acercamos a la calle Claudio Coello nº 13, donde ella vivirá en su tercer viaje, en 1870.


Más tarde paseamos por los jardines del Retiro y por la Plaza de Oriente, donde a veces la veo sonreir cuando los rayos de sol le iluminan la cara, y a veces le veo ese rictus melancólico que le acompañará siempre...y me pregunto si este paseo no será en realidad un simple sueño.







3 comentarios:

Antonio Iraizoz dijo...

¡Fabuloso, Carlos!

el osorio dijo...

Gracias, Antonio...de parte de Rosalía!

Anónimo dijo...

Cuando estuve en ca mi prima,asomada la ventana de su despacho viendo las vias....un respingo en la espalda me quedó para siempre,en adelante llevé mejor las nostalgias.A miña terra galega sempre viva,sempre preto.
Por cierto de quién será
"habitabas mi piel y me llamabas casa?"
por más vueltas,no encuentro autor.Está en uno delos pasos de peatones en Pirámides.
Saludos.Acacia