miércoles, 10 de junio de 2009

La Botería del Aguila

Uno de los talleres artesanos con mayor encanto del viejo Madrid es la botería de la calle del Aguila, fundada hace siglo y medio. Julio, el botero, heredó el oficio de su padre y de su abuelo, quien había entrado como aprendiz.
Una vez curtida la piel, el artesano la moja y usando moldes de hierro la corta. Luego cose, primero a mano y después a máquina, con hilo mojado en pez. A continuación le pone las tirillas para colgar las cuerdas. Una vez seca, vierte en ella la pez líquida (mezcla de aceite y resina negra) Entonces coloca el brocal (hoy día de plástico, antes de madera o de hueso) formado por tres piezas: bisagra, trampilla y tímpano. Finalmente, procede a la curación de la bota metiéndola en vinagre.

Siempre me han gustado las botas, y he tenido unas cuantas. La bota es símbolo de compartir en buena armonía, de comunicación, de fiesta...como decía el refrán: "El vino en bota, y la mujer (o el hombre) en pelota" La verdad es que da gusto encontrar excelentes artesanos como Julio Rodríguez, que sigue haciendo un meritorio trabajo en la calle del Aguila número 12.
Una bota de vino siempre es un regalo original, y más cuando se trata de un objeto manufacturado por el único artesano del sector que nos queda: un lujo.
Fotos: C. Osorio





7 comentarios:

mcarmen dijo...

Me encantan estos establecimientos en los que se continuan haciendo trabajos artesanos. Saludos,

el osorio dijo...

Sí, es una pena que queden tan pocos. La especulación y la falta de apoyo los ha barrido del centro.

mcarmen dijo...

Cuándo vivía en Plaza España recuerdo un pequeño taller en la calle Leganitos, el que reparaban muebles de mimbre. Su dueño me comentaba que cuándo él lo dejara, no tenía a nadie para que continuara el negocio. Ciertamente, es una pena.

Anónimo dijo...

Cuanto costaria una bota de vino sencillita para un regalo?

el osorio dijo...

Pues no lo sé ahora mismo. Puedes preguntar:
91 3656629

Anónimo dijo...

Yo nací en la casa de enfrente a la botería, en el nº 9 y desde el balcón veía al abuelo de Julio afinando las pieles e impregnándola de pez, recuerdo como si fuera ahora el olor del establecimiento, su abuelo era muy cariñoso con los niños. Gracias Julio por hacer presente mis recuerdos.

Anónimo dijo...

Yo también nací en el 9 de la calle del Águila hace 63 años y es una gran suerte que se conserve tanto la botería como la taberna. Hace unos 10 años paseando por allí, ya que vivo a más de 400 km., entré en la botería y compré una bota de recuerdo más como nostalgia que otra cosa. Que sigan ahí es mi deseo de futuro. Saludos.